Nuestra asociación de acogida se va de viaje cada año durante unos días. Se supone que es un viaje que realizan para mejorar la relación e integración de los trabajadores. Este año decidieron ir a Dublín y nos invitaron a mí y a los tres voluntarios más que trabajan en mi asociación.

La preparación del viaje fue un caos (como todo en esta asociación…), y hasta la noche antes había muchos cabos sueltos. Pero bueno, teníamos un viaje casi gratis (sólo nos teníamos que pagar la comida), así que no nos quejamos demasiado.

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Mis companeros voluntarios y yo, Trinity College Dublin

Llegamos a Dublín y lo primero que descubrí es que el tiempo, a pesar de ser invierno, no era tan frío como en Polonia. Habíamos salido de Polonia a -18 grados, y llegamos a Dublín a +3 grados. Agradecí pasar unos días en un ambiente más cálido que el polaco.

Dublín es una ciudad divertida, muy turística. La gente es muy abierta y sociable. Hay música en directo en todos los bares cada día de la semana. ¡Y hablan inglés! Había olvidado lo bonito que es entender conversaciones  aleatorias por la calle, y poder acercarte a cualquier persona sin miedo a que no entienda nada de lo que dices. En Polonia mucha gente no habla inglés, y mucho menos español.

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Musica en directo en The Hapenny Bridge, Dublin

Pero por otro lado, Dublín es una ciudad extremadamente cara. La cerveza más barata que encontramos, una Guinness muy buena, por cierto, costaba 5 euros. Es lo mínimo que puedes encontrar allí.

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Primera noche pidiendo cerveza en u bar irlandes

Una de las cosas que más me sorprendieron de Dublín fue escuchar a tantísimos hispanohablantes a mi alrededor. ¡Caminando por la calle era más fácil escuchar hablar español que inglés! También es cierto que en general, los españoles somos más escandalosos y hablamos muy alto… Un día, en el comedor del hotel encontré una mesa con unos diez españoles, y un chico, español también, explicándoles cómo conseguir trabajo en la ciudad. Les daba consejos sobre qué hacer y qué no hacer en las entrevistas de trabajo. Me gusta muchísimo la gente que tiene la valentía de irse a vivir a otro país, de experimentar nuevas culturas, hablar nuevos idiomas y tener la mente disponible en todo momento para aprender. Lo que me da pena, es que hoy en día, muchísimos de los jóvenes que viven en Dublín (o en cualquier otra ciudad europea) están allí por necesidad. La imposibilidad de encontrar oportunidades en tu país te obliga a salir a buscarlas, y no es un camino fácil.

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Vinilo que encontre en la pared de una galeria de fotos en Dublin, y que refleja en gran parte lo que me encontre alli

Volviendo a mi viaje, ¡que me voy por las ramas! Para acabar, haré un repaso muy rápido de lo mejor y lo peor de Dublín.

Lo mejor:
Las noches de música en directo acompañadas de cerveza Guinness
Conocer una nueva ciudad, en un nuevo país
La cercanía de la gente. Son muy sociables, alegres y educados.

Lo peor:
La relación e integración con los de la asociación fue prácticamente inexistente.
Los precios tan elevados.
Estefanía G Fleitas
EVS en Gdansk, Polonia

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