Cuando un belga se encuentra en una isla tropical (o casi tropical), tiene que decidir algunas cosas. Primero tiene que evitar que se queda dentro por mucho tiempo ya que las rayas del sol raras veces llegan a Bélgica. Segundo tiene que aprender que este océano no es el mismo mar sucio y frío como en casa. Y tercero tiene que ponerse una cremita para que no se queme desde el primer momento.

Como un buen Belga he reflexionado muy profundo sobre estas temas y me puse a buscar algo para hacer en mi tiempo libre. Después de mucho tiempo y largos paseos solitarios a lado del mar, lo encontré por fin: ví a gente que estaban envergando barcos de vela deportiva. Me puse a correr y hablé con la primera persona que no tenía una cuerda en sus manos. El señor asustado me dijo que por muy poco dinero pude ir a las clases de vela cada día de la semana, menos el lunes. Además no tuve que comprar un barco ni otra material, la escuela lo tenía todo disponible.

Desde este momento me estoy disfrutando mucho en el mar, conociendo a mucha gente y aprendiendo navegar.

 

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